Perspectivas para los próximos meses

El mercado se tranquilizaba tras desplomarse a un mínimo el viernes 9 de febrero. El índice de volatilidad de las acciones americanas, VIX, volvía a niveles medios de largo plazo. Se recuperaba, en buena medida, la confianza de los inversores, ante un contexto económico y de los resultados empresariales que sigue siendo positivo. Además, la escasa variación de los diferenciales de crédito permite pronosticar que la reciente inestabilidad de la renta variable no debería dañar el crecimiento de la economía real.

Todo ello, no obstante, aunque lo peor de la volatilidad haya pasado, por el momento,  hay que reconocer que los mercados se adentran en aguas más agitadas, en un entorno más difícil. Con la perspectiva de una mayor incertidumbre en la gestión de las políticas monetarias,  es probable que la volatilidad aumente.  El temor a un entorno de tipos e inflación más altos  podrían empezar a competir, o incluso a superar, la expectativa de un mayor crecimiento, en el ánimo de los inversores

La combinación de un entorno financiero muy relajado, la aceleración del crecimiento global y un exceso de confianza propiciaban, en los últimos meses, valoraciones elevadas o incluso extremas en algunos segmentos del mercado.  A comienzos de febrero, el dato superior a lo esperado de crecimiento de los salarios por hora trabajada en EEUU, desataba una subida del rendimiento de la deuda pública americana que desencadenaba una corrección significativa en la renta variable. Las acciones de EEUU sufrían un descenso del 10,2% entre el 26 de enero y 8 de febrero, y el índice VIX de volatilidad implícita alcanzaba el nivel de 50, el más alto en más de dos años.

Si bien las turbulencias pueden acabar afectando el ánimo de consumidores y empresarios, no es probable que la reciente inestabilidad presagie un período de crecimiento económico más lento, ni una caída prolongada en los mercados de valores.  Mark Haefele de UBS señalaba que resulta tranquilizador  que la corrección se limitara a los mercados de acciones. En efecto, el índice de volatilidad del mercado de divisas de JPMorgan aumentaba ligeramente;  el índice MOVE de volatilidad de los bonos alcanzaba un máximo el 9 de febrero, muy por debajo de su media de 25 años; no emergían, tampoco, situaciones de estrés en el mercado interbancario y los diferenciales de crédito no se ensanchaban de forma significativa.

Sin embargo, en EEUU el déficit fiscal se espera que pronto supere el billón de dólares y la tasa de paro, que actualmente se sitúa en un mínimo 4,1%, se espera se deslice hasta el 3,8% en 2018 añadiendo presión sobre los costes salariales y sobre la propia Reserva Federal.  El entorno  de baja inflación, bajos tipos de interés y amplia liquidez  ha favorecido claramente los precios de los activos, y, por tanto, los inversores, es probable,  sean más sensibles a los signos de terminación de dicho ciclo.  En efecto, si bien los acontecimientos recientes, de turbulencias, no señalan un punto de inflexión, si podrían, no obstante, estar indicando el inicio de un nuevo ciclo de mercado.  Nueva fase en la que el temor ante mayores tipos de interés comience a competir, incluso a superar, la expectativa de mayor crecimiento.

En esta nueva etapa que se inicia, es probable que sean menos estables las correlaciones entre bonos y acciones aumentando el riesgo en las carteras mixtas. En un mercado con buenos fundamentales, pero creciente incertidumbre, se acrecienta, también, el riesgo de errores en la toma de decisiones tácticas de inversión/desinversión -riesgo de ir a contrapié con el mercado. Si bien mantenemos una postura favorable al riesgo, en general, la idea es ir aumentando la presencia de posiciones en la cartera que ayuden a estabilizarla en períodos en los que los mercados cambien su enfoque desde el mayor crecimiento,  a temores ante una mayor inflación y endurecimiento de las políticas monetarias.

 

Fernando González Cantero

Presidente de PBI Gestión Agencia de Valores