La unánime actitud defensiva de los principales bancos centrales embargaba el ánimo de los inversores pero, a la postre, podría representar un seguro para evitar males peores. El anuncio de política monetaria de la Reserva Federal el 20 de marzo, seguía el mismo patrón del anterior del  Banco Central Europeo el 7 de marzo.  Ambos bancos centrales mostraban que, en el escenario económico actual, el riesgo se escora hacia un posible empeoramiento de la situación y, por ello, se mostraban incluso más defensivos de lo que ya esperaban los mercados.  La renta fija y las divisas aplaudían el giro en las políticas de los bancos centrales, pero la renta variable, y en especial las acciones bancarias, recelaban ante la excesiva y coincidente moderación de las autoridades monetarias.

El 7 de marzo, el BCE mostraba su aprensión ante la desaceleración de la economía de la Eurozona que, a su juicio, podría ser lo suficientemente grave como para requerir de medidas preventivas de cierto calado.  En efecto, el BCE reducía de forma drástica las previsiones de crecimiento de la Eurozona al 1,1% en 2019 y el 1,6% en 2020. También reducía las previsiones para la inflación subyacente al 1,2% en 2019 y 1,5% en 2020.

En opinión del BCE, la pérdida de impulso de la economía de la Eurozona podría acentuarse de persistir la debilidad en la demanda externa, lo que podría contagiar a la demanda doméstica. El BCE, en palabras de Draghi, señalaba que “el componente de la demanda típicamente más afectado por un entorno global más débil es la inversión”. Y hay algunos indicios de que la demanda externa pueda estar afectando a la inversión en la Eurozona “a través de las cadenas de valor de la manufactura”.  Un aumento adicional en la incertidumbre global podría, por lo tanto, conducir a una desaceleración mayor tanto del comercio internacional como de la inversión. Pero, por ahora, según Draghi, las expectativas de inversión siguen siendo relativamente sólidas.

El BCE, por todo ello, reforzaba su compromiso de mantener los tipos en los niveles actuales hasta finales de 2019 y, de esa forma, evitar un alza en la rentabilidad de los bonos y, con ello, mantener condiciones financieras favorables.  Además, el BCE anunciaba siete  nuevas rondas trimestrales, a partir de septiembre, de operaciones de refinanciación a la banca a largo plazo (TLTRO).  Con éstas, el BCE quiere asegurar que los bancos europeos no recortarán la financiación a familias y empresas.

Por otro lado, el 20 de marzo, el presidente de la Fed, Jerome Powell, señalaba que “el crecimiento en EEUU se está desacelerando algo más de lo esperado” y la Fed revisaba,  marcadamente a la baja, las previsiones para las distintas variables económicas.  A la Fed le preocupan las consecuencias  de la guerra comercial con China, el agotamiento del estímulo con origen en la rebaja del impuesto sobre la renta y sociedades de Trump, y la amenaza de una desaceleración global más profunda en Europa y China.

La Fed confirmaba el giro en sus planteamientos y ya no prevé alzas de tipos este año y, a lo más, solo en una última ocasión en 2020.  La Fed, por otra parte,  revisaba a la baja en 0,2% el crecimiento del PIB en 2019, al 2,1%, y en 0,1% el crecimiento en 2020 al 1,9%; la tasa de paro prevé se situé en el 3,7% en 2019, frente al 3,5% anterior y en el 3,8% en 2020; mantenía, por último, sin cambios, las previsiones para la inflación subyacente en el 2,0% en 2019 y 2020. Otro anuncio importante de la Fed, era la decisión de poner punto final al programa de reducción del balance. La rebaja mensual en las existencias de bonos se reducirá de 30 a 15 mil millones de dólares al mes a partir de mayo y solo continuará hasta septiembre.

Según la opinión de DWS es poco probable que la política de la Fed cambie en los próximos trimestres, a menos que haya un shock excepcional.  Para justificar un alza adicional en los tipos de interés, la Fed tendría que tener claros indicios, procedentes del mercado laboral y las expectativas de inflación, de que la economía pueda crecer nuevamente por encima de la tendencia.  Por otra parte, para que la Fed redujese los tipos de interés el panorama económico tendría que deteriorarse significativamente.  DWS concluye que sigue creyendo que la economía se recuperará a lo largo del año y que es más probable que, más adelante, la Fed vuelva a aumentar los tipos de interés.

A pesar de que la Fed describía en su comunicado una economía saludable y un mercado laboral todavía fuerte, el hecho de que la Fed haya detenido el ciclo de aumentos en los  tipos de interés en un nivel real –restando la inflación- cercano a cero, no resulta demasiado tranquilizador. Tras la decisión de la Reserva Federal, los bonos del Tesoro de EEUU, con vencimientos de hasta diez años, se negociaban por debajo del tipo efectivo de los fondos federales. Y, el desplome en la rentabilidad de los bonos del Tesoro, arrastraba al resto de los mercados de bonos soberanos.

El giro marcadamente defensivo de los bancos centrales desataba una huida hacia la calidad con el desplome consiguiente de la rentabilidad de los bonos que, a su vez, exacerbaba en el ánimo de los inversores la preocupación ante los síntomas de desfallecimiento de la economía mundial.  Y, sin embargo, según Safra Sarasin, las cadenas de suministro asiáticas muestran ya  señales de recuperación a medida que la economía china comienza a sentir el beneficio de una política más flexible.  A finales de marzo, el buen tono en las negociaciones de China y EEUU, el último dato del PMI manufacturero en China, que sitúa, de nuevo, el sector en terreno expansivo y la mejora en el clima empresarial y la confianza de los consumidores en Alemania, traían la calma a los mercados repuntando las bolsas y estabilizándose la rentabilidad de los bonos.

Fernando González Cantero

Presidente de PBI Gestión Agencia de Valores