A lo largo de los últimos meses se ha ido dibujando un nuevo panorama más despejado, con contornos más nítidos, para los mercados y las economías, lo que abre una ventana de esperanza para la economía y los mercados financieros. Este nuevo panorama se apoyaría tanto en la aparente mejora de los riesgos geopolíticos más destacados, como también en el giro expansivo de las políticas monetarias. El nuevo escenario tendría su reflejo en la mejora de las encuestas empresariales.

Los riesgos geopolíticos que han dominado la escena de los mercados en los últimos meses, como la guerra comercial y el Brexit, están dando paso a una cierta calma. En efecto, las encuestas apuntan a un triunfo claro del partido conservador en el Reino Unido que, de materializarse, desatascaría el Brexit; la respuesta de China a la Ley americana de protección de derechos humanos en Hong Kong ha sido muy moderada, dando a entender que la firma de una primera fase del acuerdo comercial sigue su curso y, por último, la amenaza americana de imponer aranceles a los automóviles europeos habría ya vencido.

Se renueva la sincronización global de políticas monetarias expansivas con la bajada de tipos por la Fed en tres ocasiones en los últimos meses. Además, en la mayor parte de las economías, el consumo se mantiene sólido, por la fortaleza de los mercados de empleo.

Por todo ello, cada vez hay señales más nítidas de que el ciclo global de la manufactura, que había entrado en recesión, pueda haber tocado fondo y se esté iniciando una fase de recuperación que podría tener continuidad a lo largo de 2020. Ciertamente, las encuestas de clima empresarial, los PMI, de EEUU y China vienen mejorando en los últimos meses, y las últimas encuestas en Francia y Alemania apuntan a que Europa también se esté recuperando.

China, en esta ocasión –y a diferencia del papel clave desempeñado para revitalizar el crecimiento en 2009, 2012 y 2016– ha sido reacia a abrir, de par en par, los grifos de las políticas de estímulo. La resistencia de China a utilizar la artillería pesada, e iniciar políticas de choque, ha contribuido al sentimiento general de que el crecimiento global, la inflación y los rendimientos de los bonos se mantendrían en niveles muy bajos el próximo año. Y, sin embargo, según Bank J. Safra Saracin, otros países habrían tomado el testigo en las políticas de estímulo, con políticas más proactivas que situarían el monto anunciado del apoyo fiscal y monetario en niveles comparables a los de 2012 y 2015.

Indudablemente, la decisión reciente de la Fed de hacer, de nuevo, crecer su balance, acentúa la posición acomodaticia de los bancos centrales mundiales. Ello es así, aun admitiendo que las perspectivas de nuevos recortes de tipos por la Fed y el BCE estén disminuyendo. A partir del 15 de octubre, la Fed comenzó a comprar letras del Tesoro (con vencimientos de hasta 12 meses) a un ritmo inicial de alrededor de 60 mil millones de dólares por mes, y es probable que continúe al mismo ritmo hasta al menos el segundo trimestre de 2020. El BCE, por su parte, ha reiniciado su programa de compra de activos, en noviembre de este año, con compras de €20 mil millones al mes durante un período de tiempo indeterminado; a su vez, el Banco de Japón, el Banco de Inglaterra y el Banco Central Suizo van a continuar con sus políticas expansivas.

Tanto la Fed como el BCE, que fueron los principales responsables de la contracción del crecimiento de los balances agregados de los bancos centrales desde 2018, serán ahora los principales impulsores de su crecimiento en 2020. Un aumento en los activos de los bancos centrales mundiales y el crecimiento de las reservas bancarias deberían conducir a una mayor creación de crédito, al aumento del dinero en circulación. Los indicadores de liquidez se han disparado últimamente, tanto en EEUU como en la Eurozona. La fuerte mejora en las condiciones de liquidez, sería la clave del impulso sostenido de los mercados de renta variable en los últimos tres meses, pese a la inestabilidad política y los flojos datos de coyuntura,

La cantidad de dinero que circula en una economía influye tanto en la economía real como en los precios de los activos. El aumento del dinero en circulación deberá mejorar las expectativas de un mayor crecimiento económico y un posible repunte de la inflación. Ante lo cual, los mercados de bonos podrían reaccionar con rendimientos algo más altos y curvas más pronunciadas en los próximos meses. Por su parte, la relajación de las condiciones financieras es favorable para la renta variable y otros activos de riego como el crédito de menor calidad y los bonos de países emergentes.

Fernando González Cantero

Presidente de PBI Gestión Agencia de Valores