En estos tiempos difíciles por la crisis sanitaria y la cuarentena general que estamos viviendo, confió en que, junto con muestras familias, nos encontremos todos bien y libres de complicaciones de salud.

Me gustaría informarte sobre las medidas que hemos tomado en PBI Gestión durante la cuarentena.  Desde el pasado jueves 12, nos hemos organizado para que una pequeña parte del equipo acuda todos los días a las oficinas, en el horario habitual, y el resto funcione con teletrabajo desde sus casas.

En PBI toda la operativa está desarrollándose con total normalidad, incluidas la atención de cualquier consulta por teléfono o por correo electrónico, valoración de carteras, etc.  El equipo de gestión está permanentemente en contacto, y conectado con los mercados, pudiendo tomar decisiones para modular el riesgo y aprovechar las oportunidades que se van presentando.

En las carteras nos ha cogido muy fuera de renta variable, con un 34 a 36% de los niveles de referencia, según perfil de riesgo. Por esta razón, el comportamiento está siendo mucho mejor que el conjunto del mercado.

Lo positivo de estos momentos tan cambiantes es que los gobiernos y los bancos centrales están actuando con mucha contundencia para evitar daños irreparables en el tejido empresarial y en el empleo, y para estimular la economía.

Estamos seguros de que esta crisis pasará y que la vida volverá a la normalidad.  Los mercados financieros lo van a anticipar con bastante tiempo.  Es por ello que pensamos que ha llegado el momento de ir, poco a poco, tomando decisiones de reconstrucción de las carteras.

Todo el equipo de PBI Gestión estamos a tu entera disposición.

Perspectivas para los próximos meses:

La detección precoz mediante la realización de test masivos, el rápido aislamiento de las personas infectadas y la eficaz clasificación de los pacientes de acuerdo con la urgencia de su situación están en la base de las estrategias de mayor éxito. Ese es el caso de Corea del Sur y de otros países asiáticos en la lucha contra la pandemia. Desgraciadamente algunos países occidentales estamos pagando cara la novatada por la imprevisión, por el exceso de confianza en nuestros sistemas de salud, poco preparados para una situación de grave pandemia como la actual.

Incluso en EEUU se ha tardado mucho en reaccionar y el precio a pagar por la falta de preparación se prevé muy importante, en términos de vidas humanas y de colapso de su infraestructura sanitaria. Los primeros países occidentales en caer van también a ser los primeros en salir (FIFO). Italia y España van por delante y los últimos datos avalados por la OMS parecen mostrar la luz al final del siniestro túnel en el que nos encontramos.

En paralelo a la pandemia, el momento económico alcanza, sin duda, niveles altos de dramatismo para la población más marginal que vive al día, para las empresas de todos los tamaños, para los autónomos y para los trabajadores que están sintiendo toda la presión por el cierre de su actividad.

Según la OCDE las medidas tomadas para frenar la propagación de la pandemia podrían reducir la actividad económica en EEUU y otros países desarrollados en un 25%. Si las medidas se prolongaran durante tres meses, la producción anual total se contraería en un 6% anual. Según este escenario, en EEUU, donde se pronosticaba que antes de la pandemia la economía crecería un 2% en 2020, la OCDE estima ahora que el PIB caería un 4%.

Y, sin embargo, la recesión actual tiene unas características muy particulares. A diferencia de recesiones anteriores no se trata de un proceso gradual sino de un frenazo en seco a la producción y al consumo ordenado desde las autoridades para detener el proceso de contagio de la pandemia.

En contraposición también de recesiones anteriores, se dispone de las claves que permiten anticipar cuándo y cómo terminará el actual periodo de recesión. En efecto, la forma y el momento en que salgamos de la recesión va a depender de la evolución de la pandemia y del levantamiento consiguiente de las restricciones a la producción. En cuanto a la evolución de la pandemia, las drásticas medidas de confinamiento deben dar los frutos deseados en términos de reducción de los contagios. Además, el coronavirus Covid-19, según los epidemiólogos, parece exhibir patrones de comportamiento estacional similares a los de la gripe. Por lo tanto, en algún momento, presumiblemente dentro de los próximos tres meses, lo peor de la pandemia habrá pasado, los Gobiernos irán levantando las cuarentenas y podrá volverse a la normalidad en los distintos sectores de la economía.

Esta recuperación será enorme ya que la población ya no se verá obligada a permanecer en sus casas. Por lo tanto, los datos económicos mostrarán un rápido rebote: el mayor incremento inmediato de la producción, de magnitud similar al parón que se está produciendo en la actualidad en muchos países. Y que, por otra parte, ya hemos visto en los últimos datos de confianza empresarial, PMI oficial, en China.

El dramático colapso de la actividad y la recuperación posterior dejaran, sin embargo, una factura importante en términos de marginación social y de mayor endeudamiento público. También, y a pesar de los esfuerzos coordinados entre gobiernos y bancos centrales, habrá empresas que se queden por el camino. El crecimiento posterior a la recesión volverá a la normalidad, pero inicialmente será poco probable que recupere los niveles anteriores.

La crisis sanitaria continúa, y, sin embargo, los mercados financieros, que suelen anticiparse, están en mejor situación que hace una semana. Las bolsas han rebotado. En los mercados de bonos, las tensiones crediticias han disminuido. El sentimiento en el mercado también ha mejorado con la mejora en la liquidez. Los flujos son más bidireccionales, hay compras y ventas, y algunas empresas pueden emitir bonos en los mercados de EEUU y Europa.

En efecto, la renta variable global, medida por el índice MSCI All-Country World, subía un 12,9% durante la semana del 22 al 29 de marzo. Los diferenciales de crédito de los bonos de alto rendimiento de EEUU se reducían en más de 100pb. El diferencial de los bonos soberanos denominados en dólares de los mercados emergentes (EMBI) se reducía en 85pb a 604pb y el dólar se debilitaba un 4,1%. A pesar de esta recuperación, todavía el crédito y los bonos emergentes irían con un cierto retardo en la recuperación frente a otras clases de activos, y a los precios actuales vemos un potencial de retornos atractivos.

Es cierto, que el montante de los programas públicos de ayuda contra las consecuencias de la pandemia no tiene precedentes. Dichos programas podrían alcanzar hasta el 30% del PIB en algunas economías: incluyendo programas de gasto directo, avales y garantías para mantener la solvencia de las empresas, y medidas de expansión monetaria y suministro de liquidez a las situaciones más estresadas.

Programas masivos que los mercados recibían positivamente pues interpretaban que, si bien el shock económico ha sido masivo, deberá razonablemente ser de corta duración; y que las medidas políticas y la actitud y la disposición de las autoridades son de suficiente entidad como para evitar un problema económico severo a largo plazo.

Los bonos soberanos periféricos en Europa mostraban un buen desempeño durante la última semana de marzo, en respuesta a las nuevas medidas del BCE. En el mercado de bonos corporativos se están viendo niveles notables de intervención por parte de los bancos centrales, incluida la compra directa de deuda corporativa y la financiación mediante líneas de crédito. Los mercados de renta variable valoran positivamente la mejora de las condiciones financieras y lo atractivo de los precios actuales.

La evolución de las bolsas y de las empresas, no obstante, va a depender de las perspectivas en cuanto a la evolución de los resultados una vez superada la pandemia.

Fernando González Cantero

Presidente de PBI Gestión Agencia de Valores