La recuperación económica tras el parón por la pandemia va a ser más intensa y veloz de lo que se presumía en un principio. Los indicadores avanzados de sentimiento y los primeros datos de consumo con tarjetas de crédito apuntan en el sentido de descartar el peor de los escenarios temidos.

La recuperación, no obstante, va a ser escalonada según los sectores de actividad. Si para el mes de julio se completan las fases del confinamiento y se abren todos los sectores relacionados con la restauración, el ocio y el turismo, todo hace pensar que el impulso a la economía será muy importante. Las empresas que han podido sobrevivir, en pocos años, estarán como estaban antes de la crisis y los niveles de empleo se irán recuperando con la recuperación de las economías.

Según Josep Oliu, presidente del Banco Sabadell, la recuperación en España tiene forma de V “aunque más parece una raíz cuadrada” y en 2021 alcanzará un nivel un 2-3% inferior al anterior a la crisis. En 2022 la economía habrá recuperado los niveles anteriores a la crisis.

Los datos de transmisión de la política monetaria en la Eurozona muestran flujos muy fuertes de préstamos al sector empresarial tanto en marzo como en abril. El récord de €121 mil millones de marzo no fue superado en abril, pero el flujo de abril, de €73 mil millones, sigue siendo impresionante, equivalente a 7 veces el promedio mensual de los últimos veinte años. Los datos de abril, según Moec de Axa, también confirmaban que las empresas, en su conjunto, no están “quemando efectivo”. Todo lo contrario: gran parte de estos préstamos adicionales se acumulan como liquidez. Esto probablemente refleja el éxito del estímulo fiscal: los diversos sistemas de prestaciones por desempleo, junto con los retrasos ofrecidos para pagar las obligaciones fiscales, han protegido los flujos de efectivo de las empresas. Las estadísticas del BCE también confirman que los hogares han acumulado grandes reservas de efectivo durante las cuarentenas.

A diferencia de las crisis cíclicas, la crisis actual no requiere ajuste de desequilibrios económicos acumulados. Las entidades de crédito están bien capitalizadas y los avales públicos han permitido mantener el crédito fluido y los niveles de endeudamiento privado no resultan preocupantes. Esto no quita que el crecimiento del endeudamiento público pueda ser más preocupante en algunos países que ya partían de una situación complicada, como es el cado de Italia y, en menor medida, de España. A España, sin embargo, se le ha criticado, desde la Comisión Europea, por ser uno de los países de la UE que menos transferencias directas ha hecho. El Estado español no ha concedido ni financiación directa ni transferencias directas, salvo las de los ERTE y el ingreso mínimo recientemente aprobado.

El aumento del necesario endeudamiento público para luchar contra el impacto de la crisis del Covid-19 sobre las economías ha sido mitigado por las políticas de tipos de interés y las compras de activos de los bancos centrales (el PEPP del BCE de €750 mil millones). Las medidas que se han tomado en Europa han sido, en esta ocasión, muy adecuadas y contundentes. Ahora se pretende avanzar en el proceso de una mayor integración europea. Una Europa más federalista, fiscalmente más integrada y solidaria. El acuerdo de Merkel y Macron para crear un fondo de reconstrucción europea de €500 mil millones financiado con Eurobonos iría en dicha dirección.

La Comisión Europea aprobaba el miércoles 27 de mayo un plan de recuperación económica frente a la pandemia valorado en €750 mil millones y bautizado con el nombre de “Next Generation EU”. De esta cantidad, €500 mil millones de euros corresponderían a subsidios a fondo perdido y €250 mil millones, a préstamos.

El Plan “Next Generation EU” -que cuenta con el beneplácito de Alemania, Francia Italia y España- es muy novedoso en su concepción: ya que, se financiará mediante la primera emisión de la Comisión Europea de bonos, con vencimiento a largo plazo; y, puesto que, los montantes que reciban los países más afectados por la pandemia se desvinculan de su contribución a su financiación.

Los subsidios tendrían una asignación por país en un reparto en el que corresponderán a España, unos €77 mil millones de euros, siendo el país más beneficiado por detrás de Italia. Y los préstamos no se repartirían según cuotas, pero tendrán salvaguardas para garantizar que llegan a los países más necesitados. De esa partida, a España le podrían corresponder unos €63 mil millones.

El plan, sin embargo, tiene todavía por delante un largo y espinoso camino, entre otras razones, por estar vinculado al nuevo Marco Financiero Plurianual (2021-2027), que la Comisión también ha revisado. Von der Leyen, la presidenta de la Comisión, propone ahora un presupuesto de 1,1 billones de euros, muy por encima de lo que desean los llamados socios “frugales” –Países Bajos, Suecia, Austria y Dinamarca–. Estos países también se resisten a que la ayuda del “Plan Next Generation EU” se canalice a través de subsidios y reclaman que sean siempre préstamos reembolsables. Dado que el fondo, de €750 mil millones, se incorporará al presupuesto de la UE, según la propuesta franco-alemana, le serán de aplicación las normas de unanimidad y tendrá, por tanto, que ser aprobado por los 27 países miembros de la UE.

El documento de la Comisión presenta un despegue muy gradual del Fondo. El primer año, en 2021, solo el 6% de las subvenciones se pagaría efectivamente. El documento de la Comisión es coherente con solo €4 mil millones de euros en subvenciones desembolsadas a Italia en 2021, es decir, menos del 0,2% de su PIB. Lo que resulta insignificante en comparación con la profundidad actual de la recesión italiana. A finales de 2023, se habrían desembolsado menos de la mitad de todas las subvenciones.

Por tanto, las fuertes necesidades actuales de financiación presupuestaria de países como Italia y España van a seguir precisando del apoyo del BCE con el programa PEPP que, al ritmo de disposición actual, se agotaría para finales de septiembre. El BCE se comprometió a mantenerlo hasta al menos finales de año. Es por ello que el BCE, en su próxima reunión el 4 de junio, necesitaría recargarlo con al menos entre 350 o 400 mil millones de euros, es decir, llevarlo por encima del nivel simbólico de mil millones de euros, para estar cómodo hasta diciembre.

Fernando González Cantero

Presidente de PBI Gestión Agencia de Valores