Los precios al consumo en EEUU se estarían moviendo significativamente por encima de lo previsto y también por encima del objetivo del 2% de la Fed. En Europa la evolución de los precios iría con un cierto retraso.  

En efecto, a mediados de mes se publicaba el IPC de EEUU, que subía un 0,8% en abril, cuando el consenso esperaba una subida del 0,2%, lo que elevaba la tasa anual al 4,2% superando incluso el pronóstico más alto del 3,8%.  El IPC subyacente subía un 0,9%, el mayor aumento en un mes desde abril de 1982 y la tasa anual se situaba en el 3,0%, el mayor avance desde enero de 1996. A finales de mes, junto con los datos de renta y consumo personal, se publicaba el PCE (deflactor de los gastos de consumo) que subía un 0,6% en el mes y un 3,6%en tasa anual, niveles no registrados desde la década de 1990. El PCE subyacente, que es el índice de referencia para la Fed, registraba una subida del 0,7% en el mes y un 3,1% en tasa anual.  

Pese a que los bancos centrales declaran habitualmente que sus políticas dependen de los datos, en el momento actual tanto los miembros de la Fed como del BCE manifiestan, de forma casi unánime, que las presiones actuales sobre los precios son transitorias, dando a entender que pasarán por alto los aumentos de inflación a corto plazo. La mayoría de los miembros de la Fed, en torno al presidente, Powell, se vienen mostrando unidos señalando que el repunte actual de la inflación es temporal y que la Fed debe ser paciente. La presidente del BCE, Lagarde, ha esbozado numerosas razones por las que los miembros del BCE se inclinan por soslayar los repuntes a corto plazo en la inflación. Que, según Lagarde, tienen que ver con el efecto base, cambios en la cesta de bienes y servicios, alteraciones estacionales y ajustes del IVA en Alemania.

En efecto, el aumento de los indicadores de inflación en EEUU desbordaba las expectativas por los cuellos de botella en las cadenas de suministro y los efectos de base. Y, sin embargo, pese al fuerte repunte de los precios en el mes de abril, no hay pruebas concluyentes de que se esté produciendo un cambio genuino y persistente al alza en la inflación. Gran parte de la aceleración de la inflación en abril es atribuible a componentes, como el automóvil por la escasez de microchips, que representan menos del 5% del índice y que no tienen un carácter permanente.  

Más preocupante, en EEUU, es la posibilidad de que se esté produciendo una subida en los salarios impulsada, quizás, ​​por la escasez de mano de obra. En efecto, los ingresos medios por hora trabajada, que es un indicador avanzado de la inflación, aumentaban un abultado 0,7% en el mes de abril. Si bien, el abultado repunte podría también atribuirse a factores puntuales como la vuelta más pronta al trabajo de empleados de más nivel, y mejor pagados. Aun así, lo que debería ser un shock transitorio podría transformarse en algo más adverso si las expectativas cambian.  Es por ello, que es importante observar la evolución de los distintos indicadores de inflación esperada. Las expectativas de inflación a cinco años alcanzaban un nuevo pico en mayo en la encuesta de confianza de los consumidores de la Universidad de Michigan, al 3,1%, el nivel más alto desde 2011.

En algún momento, en los próximos meses, los aumentos salariales, más allá del ruido estadístico actual de la reapertura de las economías, podrían comenzar a desencadenar una verdadera inflación de costes. Que, en EEUU, podría verse potenciada por diversas iniciativas del partido demócrata para aumentar el salario mínimo y el poder sindical en el sector privado. La fuerte alza en el precio de las materias primas y la fuerte inflación de los precios de la vivienda que, hasta, ahora, no habían tenido un reflejo en los alquileres, son otras tantas amenazas que se ciernen sobre la inflación. El comportamiento de los alquileres podría influir en la decisión de la Fed de retirar su apoyo a la economía, lo que a su vez afectaría a todo, desde la fortaleza de la recuperación de EEUU hasta las valoraciones de una variedad de activos.

Los mensajes blandos de la Fed y la generosidad en el gasto de la Administración Biden pueden, también, alimentar la inquietud de los hogares ante una posible inflación desbocada, lo que contribuiría a impulsar al alza, aún más, las expectativas. Aun siendo poco probable que la Fed se deje influir, a lo largo del verano se va a ver sometida a mucha presión, ya que es probable que continúe la subida de los precios. En este entorno, los rendimientos de los bonos del Tesoro americanos deberían subir.

El IPC de la Eurozona subía un 0,3% en mayo y un 2% en tasa anual. La inflación subyacente en la Eurozona se situaba en el 0,9% en tasa anual, se esperaba repitiese en el 0,7%. Europa estaría unos meses por detrás de EEUU en la reapertura y sus consecuencias sobre la inflación. El desbordamiento de la inflación llegará con un cierto retraso en Europa. De hecho, el efecto base en EEUU alcanzará su punto máximo con el informe de mayo, ya que en junio y julio de 2020 la inflación repuntaba y el IPC subía un 0,5% en ambos meses. En la Eurozona, sin embargo, es probable que la inflación anual aumente en julio y agosto, ya que el IPC, en 2020, caía un 0,4% en ambos meses.  Sin embargo, dada la ausencia de un estímulo fiscal masivo, Europa corre mucho menos riesgo de una inflación “desbocada”

El punto de partida para cualquier despegue en la inflación es, por tanto, mucho más bajo en Europa que en EEUU. Lo cual, ofrece un respaldo, según AXA IM, a aquellos en el Consejo del BCE que son de la opinión y presionan, actualmente, para que el BCE tolere explícitamente el desbordamiento temporal de la inflación por encima del objetivo del 2%. Lo que estiman ayudaría a volver a anclar la inflación esperada. 

La pregunta que se hacen algunos analistas es cómo va, el BCE, a mitigar cualquier contagio adicional de los EEUU sobre el mercado de bonos europeos en los próximos meses. La aceleración en el ritmo del Programa de Compras de Emergencia Pandémica (PEPP), aprobada en la reunión del BCE de marzo, no ha tenido un impacto significativo hasta el momento. Hay otros analistas que, al contrario, esperan que el BCE reduzca su ritmo de compra de bonos en la reunión de junio.  Esto sería arriesgado ya que iría en contra del desacoplamiento necesario con el bono americano y podría impulsar al euro al alza.  Además, ninguno de los indicadores de expectativas de inflación a largo plazo que supervisa el BCE, tanto de encuestas como de inflación cotizada, apunta a una presión inflacionista significativa y sostenida en la Eurozona.  Es por todo ello, que el BCE probablemente verá pocas razones para eliminar los estímulos, de forma significativa, durante algún tiempo.  Ello, a pesar de la fuerte recuperación actual de la económica de la Eurozona.

 

Fernando González Cantero

Presidente de PBI Gestión Agencia de Valores