La Fed americana, en la reunión celebrada del 21 al 22 de septiembre, mantenía los tipos de interés en el entorno del 0%, y no realizaba cambios en su programa de compra mensual de $120 millardos de bonos. No obstante, el presidente de la Fed, Jerome Powell, en la conferencia de prensa, daba pistas sobre el inicio inminente de la reducción de las compras de bonos, sobre el ritmo de reducción y sobre la terminación de dicho proceso, conocido como “tapering”. Jerome Powell indicaba que si, como espera, continua el progreso hacia el pleno empleo y la estabilidad de precios, pronto estaría justificado iniciar el proceso de tapering. Se espera, por tanto, que la Fed realice el anuncio formal en la reunión de noviembre y que la reducción probablemente comience en diciembre. 

El presidente de la Fed indicaba, además, que la reducción en las compras de activos podría terminar a mediados del próximo año, lo que sugiere que todo el proceso de reducción tomará entre seis y siete meses, algunos meses menos de lo que se esperaba. El final antes de lo esperado del programa de relajación cuantitativa, QE, de la Fed podría significar, potencialmente, un comienzo antes de lo anticipado de las subidas de tipos. Así lo indicaba, también, el diagrama, anexo al comunicado, que publicaba la Fed sobre la actualización trimestral de las opiniones/ previsiones de los dieciocho miembros del Comité: con 9 de los 18 anticipando un aumento de tipos ya en 2022, frente a siete en la anterior de junio. Lo más probable, no obstante, es que el momento del despegue en los tipos por la Fed no se inicie hasta 2023, pero en base al último diagrama de puntos, no se puede descartar un alza de tipos en 2022 si se cumplen ciertas condiciones. Esas condiciones son dobles: pleno empleo e inflación promedio de alrededor del 2%. 

En lo relativo al logro del pleno empleo, es previsible que si el mercado laboral se mantiene fuerte , la Fed logre su objetivo de máximo empleo en los próximos 12 meses. Pero, lo más importante, y lo más incierto, es lo que pueda suceder con la inflación en el mismo período de tiempo. La Fed espera, y es previsible, que la inflación se modere hasta alrededor del 2% durante los próximos 12 meses, pero si se mantuviese elevada en el plazo de un año, y se alcanzase el pleno empleo, no se podría descartar un aumento de los tipos a finales de 2022.

Además de la reunión de la Fed, el Banco de Inglaterra (BoE), el Banco de Japón (BoJ) y el Banco de Noruega también celebraban reuniones de política monetaria en la semana del 20 de septiembre. El BoE también mantenía los tipos de interés de referencia sin cambios y tampoco hacía cambios en su programa de compra de activos. Pero, los miembros del Consejo del BoE expresaban su preocupación por las perspectivas de inflación. Y, dos de ellos abogaban por reducir, con carácter inmediato, el ritmo de compra de activos. Al término de la reunión del BoE, aumentaban las expectativas de una primera subida de tipos para febrero del próximo año. Por otro lado, el Banco de Noruega tomaba la delantera, entre los países desarrollados, en el camino hacia la normalización subiendo su tipo de referencia en 25pb y anunciando otra posible subida en diciembre. 

En el nuevo contexto de previsible endurecimiento de las políticas monetarias, los rendimientos de los bonos del Tesoro de referencia a 10 y 30 años aumentaban más de 20pb (0,20%) en los días siguientes al anuncio de la Fed. El rendimiento de los bonos a 5 años, que es especialmente sensible a la trayectoria proyectada de la política del banco central, se situaba en máximos de 2021, por encima de los niveles a finales de marzo. El movimiento de los bonos americanos arrastraba, por otra parte, a las curvas de los bonos europeos y de otros países tensionando la rentabilidad de los bonos. 

La estratega de Bloomberg, Alyce Andres, calificaba el movimiento de los bonos del Tesoro como una “rabieta con efecto retardado”, dejando la duda de su alcance, el de la rabieta, y de su amplitud en el espectro de activos. De hecho, algunos de los retrocesos del mercado recientes – en septiembre y en el mes de julio – han coincidido en momentos en los que el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años ampliaba su ventaja sobre el rendimiento por dividendo del S&P500, actualmente en el 1,33%. 

Conviene recordar, que las pequeñas y grandes empresas se han beneficiado de los bajísimos costes del endeudamiento y de la insaciable demanda de deuda corporativa por los inversores en buscan de rendimiento. Y, que los precios de las acciones han encontrado una demanda sostenida debido a la opinión de que “no hay alternativa” por los bajos tipos de interés. 

Un rendimiento del 2% en el bono a 30 años y una rentabilidad del 1,5% en el bono del Tesoro americano a 10 años, son niveles históricamente muy bajos que no representan, todavía, una verdadera “alternativa” a la renta variable. Pero, si los bancos centrales siguen adelante, como es previsible y deseable, con la reducción de la acomodación, desaparecería un pilar importante de apoyo al mercado de valores. En dicho sentido, en nuestra opinión, es mejor que actúen de forma preventiva, que esperen a que el arraigo de la inflación obligue a subir los tipos de forma precipitada. La situación para las bolsas solo podría empeorar si los operadores del mercado percibieran que los bancos centrales están llegando tarde, y empujaran al alza el rendimiento de los bonos a largo plazo de forma preventiva. 

En alguna medida, seguramente, va a ser imposible evitar una, mayor o menor, rabieta de los mercados por la retirada de liquidez por los bancos centrales. Lo que, en la actualidad, tras las últimas reuniones de la Fed y otros bancos centrales, se percibe con carácter inminente. La situación aconseja redoblar la prudencia reduciendo los niveles de riesgo de las carteras.

Fernando González Cantero

Presidente de PBI Gestión Agencia de Valores