Las bolsas se desplomaban el viernes 26 de noviembre cuando los gobiernos de todo el mundo endurecían las restricciones a los viajes, por la aparición de una nueva variante del virus del Covid, con origen en Sudáfrica, bautizada como Ómicron por la OMS. 

En las próximas semanas va a ser crucial despejar todas las dudas alrededor de la nueva variante. Y, muy especialmente, determinar: si la nueva variante Ómicron desarrolla, o no, formas graves de la enfermedad y entre qué segmentos de la población; si la inmunidad adquirida por una infección previa, o por la vacunación, proporcionan protección suficiente; y, si Ómicron aumenta la velocidad de trasmisión de los contagios.  Esto último será clave para comprender las implicaciones en términos de capacidad sanitaria -incluso si la variante no fuera más peligrosa ni resistente.  

 

El temor en los mercados estaría en que se pueda repetir una situación similar a la ocurrida con el primer episodio de covid, en marzo de 2020.  Una de las razones por las que el primer episodio de covid resultaba tan brutal para los mercados era toda la “espuma financiera” que se había acumulado antes de que llegara el virus.  En la actualidad, la situación sería, por un lado, similar a la de entonces, con los precios de los activos muy por encima de sus valores intrínsecos, pero, por otro lado, muy diferente en cuanto al nivel de preparación general frente al virus. 

 

La semejanza principal con la situación en marzo de 2020 sería la sensación de complacencia entre los inversores. Que, encontraría justificación: en los buenos datos de la economía, en los resultados de las empresas y en las políticas monetarias muy acomodaticias.  Y, tendría su reflejo en la elevada exposición a bolsa.   En lo que se refiere al nivel de valoración, el mercado estaría notablemente más caro que en febrero de 2020.  La relación precio-beneficio (PER) del S&P500 se situaría ahora unos 2 puntos por encima de donde estaba hace casi dos años.

 

Según David Riley de BlueBay, “el mercado ya veía la pandemia desde el espejo retrovisor”. El mercado, en gran medida, venía asumiendo que estábamos ya en la transición desde la pandemia a una enfermedad endémica, y estacional, como la de la gripe. Que, por tanto, aprenderíamos a convivir con el Covid, siendo el impacto macro y de mercado bastante limitado y en disminución con el paso del tiempo.  En efecto, en una encuesta reciente de Bank of America, los gestores de fondos situaban al covid en el quinto lugar entre los mayores riesgos para el mercado de cara a 2022: detrás de la inflación, de los previsibles aumentos de tipos de la Fed, del estancamiento del crecimiento chino y de las burbujas de activos. 

Y, sin embargo, la situación actual es muy diferente a la de comienzos de 2020.  El mundo actual estaría mejor preparado para afrontar las posibles amenazas de la nueva variante: con la industria farmacéutica muy a punto, terapias eficaces y una población en gran número ya vacunada.  Hace un par de meses era la variante Delta la que provocaba nerviosismo, aunque afortunadamente las vacunas vienen funcionando, aunque con una efectividad algo inferior.   La nueva variante, sin embargo, presenta mayores mutaciones, lo que la hace más contagiosa, aunque por el momento no hay evidencia de su virulencia ni de la efectividad de las vacunas.

El cofundador de BioNTech, Ugur Sahin, declaraba que la variante Ómicron del coronavirus podría provocar más infecciones entre las personas vacunadas, pero lo más probable es que las personas vacunadas permanezcan protegidas de un desarrollo grave de la enfermedad. Y, sin embargo, el director ejecutivo de Moderna, Stéphane Bancel, declaraba que las vacunas existentes serán mucho menos efectivas para combatir a Ómicron que a las cepas anteriores del coronavirus. Y, advertía, que pasarían meses antes de que las compañías farmacéuticas puedan fabricar nuevas vacunas, especificas, a gran escala. 

En el último episodio de la variante Delta, la tolerancia al riesgo, la resiliencia del mercado, ha sido extremadamente alta.  La explicación podría estar en que el mercado viene de un largo periodo en el que las correcciones fuertes son vistas, por los inversores, como oportunidades de compra, que el mercado viene recompensando con alzas posteriores.  En efecto, pese a que los contagios por la variante Delta se disparaban en verano y se acentuaban en otoño, las bolsas resistían los sucesivos intentos de corrección. 

Este último episodio de la variante Ómicron coje a los inversores y a los gestores, tanto selectores de acciones como algorítmicos, con una altísima exposición al mercado, que según una encuesta de Deutsche Bank se sitúa en el percentil 88 del rango histórico.  Y, sin embargo, al igual que con las altas valoraciones, la elevada exposición no suele ser un elemento positivo ante una corrección del mercado.  Por el contrario, suele exacerbar la caída cuando el sentimiento se deteriora y las ventas engendran nuevas ventas.  

Según Anna Stupnytska, de Fidelity International, con la propagación de las restricciones y una nueva cepa que genera temores de que pueda escapar de la inmunidad que ofrecen las vacunas, los inversores pueden verse obligados a reconsiderar su postura alcista. Stupnytska señalaba que la variante Ómicron “tiene el potencial de cambiar las reglas de juego para las perspectivas macro y para el mercado”.  

Jerome Powell, el presidente de la Fed, el último día del mes, alertaba que “la variante Ómicron entraña nuevos riesgos para el mercado de trabajo y para la senda de inflación en los próximos meses”.  Y, endurecía el mensaje, manifestando que probablemente debería retirarse el término “transitorio” para caracterizar la inflación, y que la Fed deberá considerar acelerar la reducción de sus compras de bonos en su próxima reunión de diciembre.  Este “cambio de paso” de la Fed, hacía resurgir el temor a una “pataleta del mercado” ante una aceleración del tapering y ante un, probable, adelanto en el calendario de subidas de tipos.  

Desde PBI pensamos que el nuevo episodio Ómicron, y el giro en el mensaje de la Fed, añaden nuevos elementos de incertidumbre sobre un mercado muy estirado en valoraciones, en un entorno de fuertes desequilibrios macroeconómicos. Nos reafirmamos, por tanto, en un posicionamiento muy prudente, a la espera de las oportunidades que deben de surgir una vez que el mercado se haya estabilizado.

 

¡Feliz Navidad!

Fernando González Cantero

Presidente de PBI Gestión Agencia de Valores