Skip to main content

En crédito, las grandes tecnológicas absorben cantidades crecientes de capital para financiar la IA. Esta presión compite con la deuda soberana por el ahorro global y amenaza con mantener elevados los tipos reales a largo plazo.

En bolsa, la concentración en unos pocos gigantes tecnológicos ha llevado la dependencia a otro nivel: gran parte del mercado descansa sobre una misma promesa, que la IA genere retornos suficientes para justificar inversiones y
valoraciones extraordinarias.

El crecimiento también se apoya cada vez más en el enorme Capex en IA. Si esa promesa empezara a debilitarse, un freno de la inversión podría desencadenar
una corrección simultánea en crédito, bolsa y economía global. Demasiadas cosas dependen ya de que la IA cumpla.

 

Carta del mes de septiembre